BRUJERÍA: SABIDURÍA ANCESTRAL, MIEDO CULTURAL Y PODER INTERIOR
Durante siglos, la palabra brujería ha despertado temor, curiosidad y rechazo. Pero ¿qué es realmente la brujería? ¿Un conjunto de prácticas oscuras? ¿Superstición popular? ¿O una forma ancestral de conocimiento espiritual que fue incomprendida —y perseguida— por desafiar estructuras de poder?
Hablar de brujería desde una mirada espiritual y psicológica implica atravesar capas de historia, símbolos y prejuicios. Implica también hacernos una pregunta incómoda: ¿a qué le hemos tenido miedo realmente?
La construcción histórica del miedo
En la Europa medieval, la figura de la bruja fue asociada con el demonio, la herejía y el peligro social. Durante la Inquisición en España y otros territorios europeos, miles de personas —principalmente mujeres— fueron acusadas de pactos satánicos y prácticas prohibidas.
Uno de los casos más conocidos ocurrió en Salem, donde, a finales del siglo XVII, una ola de histeria colectiva llevó a juicios y ejecuciones basados en acusaciones sin pruebas reales.
Pero detrás de la narrativa oficial, muchos historiadores coinciden en que estas persecuciones estaban profundamente ligadas al control religioso, político y social. La “bruja” solía ser la mujer independiente, la partera, la sanadora, la que conocía las plantas y los ciclos naturales. En otras palabras, una figura que representaba autonomía y conocimiento fuera del sistema dominante.
El miedo no era necesariamente a la magia. Era al poder no regulado.
La bruja como sabia ancestral
Antes de ser demonizada, la figura asociada a la brujería tenía otro significado. En múltiples culturas antiguas, la magia no era algo oscuro, sino una forma integrada de comprender la realidad.
En el antiguo Egipto, la magia era parte cotidiana de la vida espiritual. No existía una separación rígida entre lo religioso, lo medicinal y lo energético.
En regiones como México y otras zonas de América Latina, sobreviven tradiciones como el curanderismo y el chamanismo, donde la sanación incluye elementos simbólicos, energéticos y rituales.
En estos contextos, la “bruja” era:
- Guardiana del conocimiento herbal
- Consejera espiritual
- Intérprete de sueños y señales
- Acompañante en procesos de nacimiento y muerte
Lejos de ser una figura malévola, era un puente entre lo visible y lo invisible.
Brujería y metafísica: el poder de la intención
Desde una perspectiva metafísica, muchos rituales atribuidos a la brujería pueden comprenderse como actos simbólicos que canalizan intención y enfoque mental.
Principios atribuidos a Hermes Trismegisto, especialmente dentro del hermetismo, hablan de correspondencia y vibración: lo que ocurre en el plano interno encuentra eco en el plano externo.
Un ritual, visto desde esta óptica, no es necesariamente un acto sobrenatural, sino una herramienta psicoespiritual. Es un lenguaje simbólico que ordena la intención, dirige la energía y fortalece la voluntad.
Corrientes modernas como la Wicca han resignificado la brujería como un camino espiritual basado en la conexión con la naturaleza, los ciclos lunares y el principio ético de no dañar.
Aquí la clave no es el hechizo, sino la conciencia.
La psicología del arquetipo de la bruja
Desde la psicología profunda de Carl Jung, la bruja puede entenderse como un arquetipo del inconsciente colectivo.
Representa:
- La sabiduría intuitiva
- El conocimiento oculto
- La conexión con la sombra
- El poder femenino reprimido
La “sombra”, según Jung, es aquello que la sociedad —y nosotros mismos— rechazamos o negamos. Durante siglos, el poder intuitivo, emocional y autónomo fue proyectado como algo peligroso.
Así, la bruja se convirtió en el símbolo de aquello que debía ser controlado.
Pero lo reprimido no desaparece: se transforma.
Tal vez el miedo cultural a la brujería ha sido, en realidad, miedo a reconocer nuestra propia capacidad creadora.
¿Oscuridad real o proyección colectiva?
No se trata de negar que existan prácticas manipulativas o dañinas en nombre de cualquier creencia. Como en toda tradición humana, la ética es fundamental.
Sin embargo, etiquetar todo lo relacionado con la brujería como “oscuro” puede ser una simplificación histórica y psicológica.
Muchas veces, lo que se llamó “magia” fue simplemente:
- Medicina natural
- Psicología simbólica
- Conocimiento energético intuitivo
- Espiritualidad fuera de la norma
El problema no era la práctica. Era quién la ejercía y qué estructuras desafiaba.
Recuperar el significado profundo
Hoy, hablar de brujería desde un enfoque místico, histórico y psicológico no implica promover superstición ni prácticas dañinas. Implica recuperar una parte de la memoria cultural que fue distorsionada.
Tal vez la bruja no sea una figura externa, sino un símbolo interno:
La capacidad de escuchar la intuición.
La conexión con los ciclos naturales.
El poder de la intención consciente.
La integración de nuestra sombra.
Más allá del miedo, la brujería puede entenderse como un lenguaje simbólico del poder interior.
Y quizás la pregunta final no sea si la brujería existe.
Sino si estamos listos para reconciliarnos con aquello que alguna vez fue prohibido: nuestro propio conocimiento profundo.
